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Archivo mensual: Diciembre 2012

Reflexiones de Nochevieja

 

Nochevieja

 

 

 

En el espacio restante

soñaré con mis horas

guarnecidas en algodón,

tiernas, impolutas, suaves

cómo pétalos de rosas,

dulces como almidón

de soleada caña de azúcar.

 

Sobrevolará en mi recuerdo

el vaho imaginario de un ron

añejo, curado entre lunas,

paladeado en el esmero

de esta vida de fortuna

que se adentra en novicia

jungla de días que lloverán

desconocidos, sin pericia

ensayada; esos que vendrán

a cubrir con nueva piel

este cuerpo, esta joven alma

que acaricia el medio siglo

cubierto de hielo y llamas,

de amores y sinsabores,

de antiguos vestigios

de brasas ya extinguidas;

ya…restan breves reflexiones

…una nueva vida se proclama.

 

 

 

Al despertar de la nueva América

 

Gaia

 

 

 

¡Salve, tierra prometida, fuente del futuro creciente!

que ayer viviste niña, hoy hermana de ojos alegres,

nunca te sentí hija por ser fruto de la misma madre,

la nodriza Gaia, que concibió hermanos en seno distante.

 

Tú…eres camino de esperanza en esta senda de lágrimas,

en la certeza de tus pueblos fermentados en levadura

de pan cocido en horno del Olimpo, en ardores cristianos

insuflados con soplo santificado, desde tus nieves en altura

andina y pacífica a tus pampas plácidas de tu sureste atlántico.

 

Yo…humilde bardo de anónima letra, te rezo y te canto

desde ésta, mi postrada pluma que chorrea sobre bañado,

¡Arriba las Américas libres de San Martín y Bolívar armadas!,

nacisteis para ser colibrís de alas de albo ángel glorificado

que ungirá un nuevo cosmos sobre las añejas patrias inanimadas.

 

¡Gloria…hijos del poniente, de la platónica Atlántida!,

vuestras cadenas ya se alzan desgarradas;  ya, vuestras almas

nutridas de valores imperecederos férreos como espadas

ideadas con filos argénteos, acrisolados en forja cándida.

 

¡Aleluya, mi frente se reclina ante vuestra dovela centrada

de la puerta iluminada que avienta mi mansa garganta!.

Esta es mi profecía, mi conjuro contenido en letra humana,

mi grito henchido en aires de nueva era, en pira sagrada

que llama al límpido aliento, a la renovación anunciada

por el Cristo sacrificado como cordero entre sucias alimañas

de guarida ostentosa, de poder sombrío, de razones enajenadas.

¡Arriba esta América que no doblega su alma!, ¡Arriba con puño blanco en alto!,

vengan a nosotros sueños gráciles en cielos de cóndor y alma de barro,

humildes moradas, siglos de historia bajo la ancestral sierpe divina en alas preñada.  

 

 

 

Mujer… ¿Qué serás?

 

 

Cielo o infierno

 

 

 

 

Será ese rayo dibujado de luz

que descabalgado desde el etéreo tul

inyecta desde tus ojos un oro cernido

sobre todo aquél que te mira imbuido.

 

Será la brújula engarzada en el coral

de la comisura de tus labios, norte polar

que bajo el vacío anochecido guía la estrella

en su senda infalible de alquimia secreta.

 

Será la cúspide inhóspita de tus senos

suntuosos que recluye el secreto sereno

de la gloria derramada sobre tu carne divina

con sonata en arpa encordada de olas marinas.

 

¡Serán tus ojos, serán tus labios, serán tus senos!

…Tú eres volcán convulso que en mí yo hospedo.

Serás mi muerte, serás mi vida, serás mi alimento,

serás mi locura, mi esperanza, mi fe, mi credo,

mi sol, mi luna, mi tormento, mi agua, mi aliento,

mi juramento ante Dios. Tú serás… ¡mi cielo o mi infierno!

 

 

 

Mi último adiós al amor

 

Mi último adiós

 

 

En esta mañana te busco

al abrir mis ojos cansados,

cenicientos de humos,

enrojecidos de llantos.

 

Hoy no soñé en tus sábanas

perdidas en los ayeres,

no pude abrigar tu cara

acariciando mis sienes.

 

No te cubrí con el embozo

de esta colcha que fuera testigo

de tus besos en azahar florido

sobre mi piel extasiada de gozo.

 

No alcancé a libar en tu boca

de rosa el néctar que me nutría

estas anémicas venas malheridas

que sucumben famélicas ahora.

 

No ungí mis mortales dedos

en el altar de tu inmaculada tez,

anudada a mi sueños en cordel

aurífero de amatorio enredo.

 

Hoy, solo acaricié nuestra almohada

solitaria, sequé mis lágrimas al sol

de poniente, imploré desnudo al amor

sin palabras, me rompí bajo el peso

del cielo velado que fue nuestro espejo,

extinguí mi aliento en mi córvido dolor.

 

Ansié en mi piel el filo de la fría hoja

que hiere solitaria, me bañé en la roja

sangre de tu corazón, oí del roncal cantor

tu níveo soplo, tirité en el gélido olvido

de tu flor, sofoqué este sediento amor herido

en el mar de tus ojos, y allí …quede zozobrado,

naufrago en mi último adiós, ¡de ti ahogado, en ti hundido!

 

 

 

 

Otra tarde de amor secreto

 

otoño

 

 

 

Esperaré una mirada tuya esta tarde

hacia la umbría retirada desde la que te observo,

pasearé discreto envolviendo el parque,

inundando el aire del amor que me reservo;

rellenaré la tristeza de estos árboles

de ramas descarnadas, de hojas dispersas

que el otoño rindió para besar tus pies.

Mis fijos ojos acecharán vigilantes

un atisbo en tu mirada de sol de miel

concebida del romero virgen de tu alma.

Nos sorprenderán otra vez las hebras

de la noche y cerrarás tu libro de nuevo,

dejarás tu asiento, mesarás tu negro pelo,

después bajo las primeras estrellas

se alejará ajeno tu agraciado cuerpo.

 

Yo quedaré solo… tropezaré con mi roída soledad,

me acercaré a tu banco otro día mas

para buscar tu residual calor en sus tablas,

tu costado ya ausente sobre su dichoso brazo,

el perfume de tu dorso apresado en su respaldo;

allí…arropado en él quedaré oyendo el eco de tu boca

bajo la luna menguante, bajo el relente helado,

soñando con la próxima tarde, con mi quimera loca,

totalmente empapado en esperanzas de verdes mares lejanos

con cánticos de sirena… ¡cubierto de tu amor enamorado!

 

 

 

Mis tardes frente al patio

 

ropa tendida

 

 

Tras mí entornada ventana

puzle de vetusto ladrillo,

ropa tendida que me señala;

luz deslucida y opaca

baja sobre el patio sin brillo

que inanimado me acompaña.

 

Otra tarde de nuevo se vierte

gota a gota tras los cristales…

huérfana y pasiva mi retina

anda descalza de colores,

solo las grises sombras

me vigilan palidecidas,

ataviadas en vapores

de otro mundo, de otra vida.

 

En tanto, me reclino solitario

sobre la mesa compañera,

rebuscando en su tacto

calor próximo, leve sustento

para mi sentir hondo y lunario.

 

Inhalo de mi bruma carcelera,

trago del tibio ungüento.

Ya…solo la noche siente mi espera,

mi pulso difuso, mi desabrigada letra

esparcida en tierra con verso al viento,

que se pierde, que se pudre, que se hiela.

 

 

 

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