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Archivo mensual: Marzo 2013

En tu piel

 

En tu piel

 

 

 

En tu piel siempre agradecida

confesé mi delirio, disipé mi brío

entre sabor a recóndita marisma

rasgada entre mar y plácido rio.

 

Sobre tu piel se plasmó el levante

que sopla intenso en el acantilado

de éstas mis manos de ansias vivaces

que se estremecen como velas de barco.

 

Desde tu piel floreció una puesta de sol

temprana de candiles encendidos,

acrecentada de alberos dorados.

 

Con tu piel yo reventé en ansia de amor

saqueado, de enajenado embrutecido,

en tu piel perdí la razón,  quedé amarrado,

todo entero me derramé de pasión, denudado

en tu piel, en tu carne quedé… como carne de niño.

 

 

 

 

Un mundo aparte

 

Hospital

 

 

 

Damero en marmóreo blanco ciego

sobre la pared, pasillos de pulcro suelo,

puertas que se abren siempre hastías…

así es la perspectiva repetida y funesta

del cubículo que vegeta en el bullir agrio

donde se aparca diminuto mi pánico.

 

Miradas de paso, vacías, justos modales

sin calor alguno de pálpito humano,

al fondo inoxidables y orondos pilares

testigos fugaces de rostros canos,

fustes notarios de juicios fatales.

 

Asientos cebados de horas muertas,

relojes detenidos en la impaciencia

de gente que viene y va adormecida

entre almohadas de ojos sin vida.

 

En tanto, se muere la mañana afuera,

los cristales te miran aburridos,

se burlan con su cara de olvido

que abúlica discurre en tu espera.

Damero en marmóreo blanco ciego

queda conmigo clavado, inmenso,

eterno, sin luz, sin alma, sin gloria ni pena.

 

 

 

 

A Nuestro Padre Jesús “El Abuelo”

El abuelo

 

 

Abuelo Jesús, Padre nuestro santificado

que desciendes a Jaén cada madrugada

del Viernes Santo entre gritos y llanto,

cuando  se convierte tu semblante nazareno

en carnes abiertas de gloria y quebranto.

 

Dulce Jesús a tu cruz asido, como hermano

en pena cargada de dolor sin lloro,

porque María tu Madre te educo para vivir

en el ensueño una madrugada cada año;

Tú, me conmueves en tu sangre de rubí

que se licua ardiente desde Tu rostro,

que se precipita de golpe, sin aliento,

alcanzando Tus pies descalzos de marfil.

 

Nazareno de túnica amoratada en desconsuelo,

tu paso me embriaga  de mustio cielo

dónde transita la luna llena llorando de miedo,

entre la pura llama mortecina amarrada en Tu pecho

que se torna vivo con el jaleo de tu pueblo…

éste Jaén consumido que llora y reza en un abrazo

entre vivas y plegarias, entre piropos y velas

que surgen rasgadas desde sus esperanzas,

desde sus nubladas y mustias entrañas

que borbotean sobre tus carmesíes penas

bordadas de flores, eternas, para el que sufrió

por todos nosotros entre inhumanos dolores,

sólo soportados por quién bendito murió

para abrir una nueva alborada plena de soles.

 

Nazareno, este Jaén que se desparrama a tu paso

como agua  desbordada que busca remanso

no se tiene en pie, se precipita hacia tu trono

que transita despacito sobre costal callado,

revestido de penitencia eterna, en negra noche

de plegarias de silencios bajo Tu cruz, de hábitos

de duelo azabache, de silenciosa vigilia de muerte

reflejada en Tu abatida cara, que colmada de desvelo

se dirige silente hacia el Gólgota del oscuro cielo

una vez más, como antes,  avanzando tiernamente

al son cadencioso del tambor que gime en su palabra

sencilla, que se rompe en trémula balada impaciente

anunciando tu gloria futura, tu carne de nuevo aflorada.

 

Al paso, los ciriales se agitan librando misivas humeantes

hacia el tiznado cielo, queriendo encontrar consuelo

para Tu camino marcado por la heredada cruz de guía,

que rebusca  en la mañana el misterio eterno del nuevo día,

¡Ay Nazareno!, ¡Ay Padre sereno! que te diriges al destierro

de quien sufre traidora sentencia, de quien implora

ganar su destino anunciado en la eterna y solitaria hora,

ya encontraste Los Cantones arrodillados en el ensueño

arrebatado de tu presencia, entre ecos de pulsos angustiados

sigues caminando, suena Nuestro Padre Jesús Nazareno

y tu pueblo al unísono se convierte en llanto, en pañuelo blanco

que seca el noble corazón jaenero al paso de su Abuelo.

 

Tú, que llegas cegado como niño al encuentro con tu Madre

Santísima de los Dolores, La que rota te anda buscando,

al verla  estremecida como loca, angustiada, llorosa, sin aire

dice quien te mira que una lágrima roja resbala ardiente

sobre Tu sagrada mejilla, como magma que en la noche se prende,

en el encuentro cambia tu pálida cara, incluso tus ojos extintos

brillan como oro pulido, Tus manos se llenan de savia y como hojas

al viento vuelan al refugio de las de tu Madre; centenares de gritos

despiertan de la tenebrosa pesadilla tu corazón de fúlgida rosa,

y desde allá arriba en los cielos, te mitigan tus miedos de Cristo,

de Cordero de Dios muy niño, con manos aferradas y temblorosas

que estrujan el madero lustro que compartirá tu  último suspiro.

 

Te encontraste en las Almenas una aurora de triste luz que arde

sobre el alma de tu penitente cortejo que te sigue rogando,

ya sin lágrimas, ya más lento, muy adentro, muy despacio.

Revienta la mañana en Santa María, el azahar se funde con el incienso

mientras Simón el Cirineo te va rezando asido a tu madero

que se cierne sobre Ti, cada vez más severo, más  intenso.

 

Un año más se consumó la madrugá  en el seno de tu camarín

Jaén se vistió de luto, la tiniebla se esparció otro Viernes sin fin,

Te fuiste de nuevo en tu trono cosido de espinos y tristezas lunares,

pero volverás el Domingo esperado ungido y resucitado para sonreír

a éste tu nieto Jaén entre campanas de tus torres catedrales.

 

¡Abuelo… El verbo en Ti se hará carne!

Tu cuerpo de nuevo dejará de morir,

por otro año tornará la luz a este Santo Reino,

del Santo Rostro acuñado en tu divino templo,

otra vez traerás la primavera brotada de tu costado

otra vez la tierra transmutará  sus soledades

en un níveo rosario engarzado entre verdes olivares,

¡Nazareno, de verde y oro brebaje sobre esta tierra se esparció tu sangre!

 

 

 

 

Amaneció otro día

 

Frente al espejo

 

 

Amaneció, el piar del pájaro madrugador

avisa que llega entre oronda esfera el sol,

el tizne caprichoso de la noche se torna

en un diluvio precipitado de tono multicolor,

ya la luna se vierte como perla creadora

entre los cielos calmos que turban la flor.

 

En la ventana próxima ya no destella mi sombra,

se esfumó tras la transparencia de su alma cansía

que se abre serena como un adagio que cobra

su apacible acento entre suaves notas de melancolía.

 

La rutina me acecha con su manto viejo

zurcido de heridas cicatrizadas,

desde un ángulo me mira cercano el espejo

con plateados ojos, con triste mirada,

un rayo de luz camina por sus aguas

quietas de fria laguna congelada,

ya mi figura quedó en él  ahogada,

hundida, fundida como vieja plata.

 

Las agujas del reloj caminan al oeste

de su esfera sempiterna, al este

quedaron vacías las horas queridas

en las que anida ahora mi dormida

poesía, atrás se despeñaron mis letras

entre las voces impenetrables de un nuevo día.

 

 

 

 

Sé que me amas

 

 

Watteau,Antoine/L'Amante inquiete/um1716 - Watteau / L'Amante inquiete / c. 1716/18 -

Watteau, L Amante inquiete, 1716 

 

 

 

Sé que de tanto en tanto hurgas en tu sueño

envolviendo en silencio tus esperanzas,

sé que a veces gimes como niña sin consuelo

castigándote con embargadas palabras.

 

¡Que me amas!…ya lo considero seguro,

¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cuándo?

El porqué, me asombra siendo yo tan oscuro,

el cómo, lo siento sobre mí oyendo tu llanto,

el cuánto, ni lo alcanzo aún viviendo a tu lado,

el cuándo, lo tropiezo asido siempre en tu mano.

 

Y el misterio  del amor que me profesas…

¿Dónde lo encuentro? ¿En qué extraño mundo

se yergue tan alto?… solo lo descubro cuando besas,

cuándo me calcinas el alma con tu boca hecha fruto

de paraíso alumbrado, cuándo miras con pureza

de limbo alejado, cuándo ríen tus celestes labios

al mirarme fijamente desde tu silencio plenario,

al caer muda la primera lágrima desde la belleza

de tus ojos entreabiertos cómo cielos estrellados.

 

 

 

 

El pobre de la esquina

 

El Vagabundo (1980 Sitges)

 

 

 

 

El pobre calla en su esquina velada,

calla con la mano eterna tendida,

solo sus ojos aparecen perdidos

de luces, como mañana nublada.

 

Sus labios cortados del frío encierran

noches de hambre, días sin tiempo

enclaustrados en sus hombros caídos

bajo el peso de su infame condena.

 

La soledad se nutre en su pensamiento

desvalido de inciensos apagados,

su boca de colillas de humo muy negro

que apenas abandona su pecho enturbiado  

 

Así vive muriendo en cada día ingrávido

de botella de vino barato, de sombra

recortada contra la pared como hábito,

entre platillo y céntimos dispersos de honra.

 

Su ropa cansía de días se adhiere a su piel

como  ansiosa sanguijuela desnutrida,

sus zapatos muerden sus fríos pies,

su gorro aplastado cruza su nubada sien.

 

Vive opulento de cartones, oxidado por la vida,

despierto sin razones, sin sentido, amarrado

a sus recuerdos sin remedio, en su herida

abierta, en su inane esperanza desfallecida

que nunca le sonríe, que siempre se va volando

entre nublos carceleros que le vacían su salario.

 

Pobre alma, humilde existencia, afilada arista

que se cuaja en la turbada noche de sus días

que solo conocen de desmayos ya indolentes,

de lágrimas secas que se abaten indecisas

en su lacrimal veterano de guerras intestinas,

en su silueta postrada ante perpetuo grillete

que le amordaza sin sosiego, sin medida,

pobre hombre, pobre sombra, ingente pena

que se va y se viene entre miedos, sin caricias,

sin consuelo, pobre corazón rendido a su condena

sin mesura, apeada en la trena de su solitaria esquina.

 

 

 

 

 

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