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Julio 2013
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Archivo mensual: Julio 2013

Libérame mujer

 

Libérame

 

 

 

Cierra tu boca y calla

que la rabia se te escapa

en alevosos arrebatos,

muerde tu lengua y guarda

la palabra que emana

hiriéndome sin reparo,

abre tus ojos y mira

éstos, los míos que yacen

a la sombra de tu mirada,

negras lunas que suspiran,

que llorosas arden

en las ascuas de tu pira,

oye  y repíteme al oído

mis congojas asfixiadas

que revelan mi condena

prodigada por tu motivo,

infame en sus maneras,

afilada en su castigo,

abre tus puños y libera

de entre tus manos

mi pobre mundo

que solo navega

sin tus clavos

tremebundos.


 

El último día

 

El último día

 

 

 

He de despertar un día

sobre una mañana lluviosa

con mi corazón seco y ajado

persiguiendo una despedida,

entonces partiré hacia el verano

de las almas que huyen despavoridas.

 

Los árboles me tejerán un sudario

de hojas verdes y flores baldías

dónde yacerá este cuerpo cansado

burlando a los pájaros de alas vacías,

se me cerraran los ojos como cerradura

de mugriento hierro, oxidado y quieto

rechinando como la cigarra desnuda

que en la escondida fronda pide fresco.

 

Llegará ese momento de la carne cansada,

de la flor desvanecida, del sopor eterno

rompiendo el aire con su calma pausada,

mientras estas manos que plasmaron versos

desde mi rendido pecho, caerán enhiestas

rebuscando la tierra y el polvo hambriento.

 

Se me nublará el sol entre nubes negras,

la cigüeña surcará la oscuridad certera

hacia el campanario de la torre abierta,

tañerán a réquiem las campanas viejas

y a su llamada acudirá mi alma,

sin retorno, silenciosa y caída

para abatirse sobre el viento en calma

en busca de una nueva luz desprendida,

y a su tonada se unirá mi voz callada,

y mis lágrimas, y mis vetustos recuerdos,

mi pálido semblante y mi blanca mortaja,

y de mi boca el postrero amén de un credo,

y de tus cálidos labios el húmedo aliento de un beso.

 

 

Campesinos de la vida

 

Campesinos

 

 

 

El sol abrió su boca, los maizales

se cuadran firmes entre los surcos

de la tierra viva pero callada,

en frente verdean los algodonales

que se arrastran entre murmullos

de mañana recién despertada,

las adelfas en las orillas pasean

ataviadas de flores que alardean

del terso viso de sus manos rosadas.

 

El camino se pierde hacia los cerros

que preceden la azulada montaña,

se oye el ladrar cansino de un perro

tras la cerca cerrada de una cabaña,

el pasto refulgente ondula dulcemente

la falda acampanada de un alcor

y a lo lejos gritan recluidas las cigarras,

Julio se abre paso entre campos de labor

que llenan de ocre y verde las aradas.

 

Los campesinos son chispas de polvo

que parecen perdidos entre las áreas,

siempre con su azada sobre el hombro

bajo sus sombreros calcinados de paja,

en sus caras regueros de oscuro sudor

bañan sus frentes de luna eclipsada,

solo ellos conocen el valor de la existencia

cuando infame se te viene a rastras,

cuando de sol a sol solo existe la inercia

de doblegar la cintura para hallar su paga.

 

Campesinos de la tierra que sentís el alma

de la madre Gea en cada cosecha trabajada,

decidme… ¿Cuánta lucha os acompaña, cuánta rabia?

¿Cuánto contumaz castigo sobre vuestras espaldas?

Sois sabiduría sin par, manos llenas de constancia,

soldados de la tierra que estoicos lucháis en la batalla

día a día, cara a cara, sin quejidos ni arrogancia,

libres de ataduras ufanas, aferrados a vuestro sino

que cada mañana os despierta, os sacude, os levanta,

¡Campesinos de la vida, campesinos que sentís el alma!

 

 

 

 

 

Madre mía

 

madre mía

 

 

 

Siempre renaces tibia en la mañana

como rosa que despierta frágil

entre espinas de vida atardecida,

siempre yace en tu seno una sonrisa

de luna menguante y luz grácil

que abre de par en par tus manos llanas.

 

Por siempre aflora de tu vientre el fruto

consagrado de tus hijos que en tu caricia

insistente abre glorias azules como mares,

vientre eterno en su inmensidad el tuyo

que mantiene en su vergel tu dicha

más intensa, rosa magna entre rosales.

 

¡Madre mía!, no hay llamada más honda

cuando nos falta el cielo y la pena hiere,

cuando la lluvia moja y el frío hiela,

no hay poder más notorio en esta tierra

que clamar tu nombre para que cese

la angustia indignada de ese dolor que ahoga.

 

Madre, bálsamo de melaza que todo cura,

tú tienes en tu frágil corazón mi sangre

que una vez hiciste mía, que fluyó viva

alimentada por ángeles con alma conmovida,

ante tu pecho eterno de bendita madre

jamás he de olvidar tu esencia dulce y pura,

¡Ay madre mía!, vivir no puedo sin amarte,

¡Ay, madre!, sin ti no siento la luz, sin ti yo muero a oscuras.


 

Voy buscando la felicidad

 

felicidad

 

 

 

Sigo a la ráfaga indeleble de la felicidad

sobre las alas menudas de una mariposa,

será por ello que me cuesta adivinar

donde yacerá su cándida estrofa,

puede ser que se pierda en la eternidad

o en la vorágine de una mañana imprecisa,

en la usada huella de un camino sin final

o en las gotas esparcidas de una lluvia indecisa

que se rasga en mil pedazos de cristal.

 

Llevo para seguirla el alma seca del solano,

mi piel endurecida desnuda de caricias,

un cayado empuñado entre mis manos

que me sirva de guía para gustar sus delicias

si la consigo hallar en mi búsqueda sin descanso,

traigo en mis carnes el pasado infernal

de un infeliz castigo, el peso de la necesidad

amarrado a esta tortura sin límite que callo,

un bucle perpetuo de ardiente y perpetua llama

que me quema, que arde inflamada en mi calvario.

 

 

 

 

Respirando

 

Respirando

 

 

 

Respirando, abrigo el aire que vida me da,

se escurre en mi adentro y me rejuvenece

como lengua de viento que certera va

asaltando, se conduce aleatoriamente y mece

en un menudo vaivén este corazón viejo

alimentando sus más recónditos rincones,

tiñendo de rojo vivo su palpitar añejo,

acallando las antiguas voces de desamores

que quedaron posadas a través del tiempo.

 

Respirando… sigo existiendo,

respirando…sigo soñando,

respirando…en ti me alimento,

respirando, siempre respirando

me disipo en un infinito cercano,

me lleno en un suspiro que desamparado

se va asfixiando, respirando, siempre respirando.


 

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