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Mis poesías I

Escribir, amor de siempre

 

pluma y papel

 

 

Amor, siempre será… la magia que prende la ilusionada llama

Morir, siempre será… la ceniza que olvidó el fuego de la vida

Orar, siempre será… una de las lengua que susurra desde el alma

Reír, siempre será… el fruto maduro que endulza la felicidad asida

 

Desear, siempre será… la pasión cautiva en cada poro de la piel

Errar, siempre será… la piedra que surge de la nada en el camino

 

Soñar, siempre será… la claridad que tacha la penumbra cruel

Insinuar, siempre será… el guiño pícaro de un ansiado destino

Enamorar, siempre será… el agua clara que brega para llegar a orilla

Mirar, siempre será… un espejismo que escruta lo que se quiere ver

Penar,  siempre será… la espina clavada en un corazón que chilla

Rogar,  siempre será… un escalofrío en la verde esperanza del ser.

Escribir, amor de siempre,

 

en tí, siempre quedará presente…

amar, morir, orar, desear, errar, soñar, insinuar, enamorar mirar,

penar, rogar…¡morirte vivo entre comillas, vivir muriéndote de sed!

 

 

 

 

La poesía ama la noche

 

poesía en la noche

 

 

 

Entre la noche y el alba

se olvidan los prejuicios

mundanales, te hechizan

los sentidos en su calma,

se conjugan los remisos

verbos que luchando izan

la emboscada palabra.

 

Canta la marfileña luna,

riman las claras estrellas

en su repliegue pausado

sobre la oscura cuna

que mece un cielo cansado

de caminos en azures huellas.

 

Abre su rosáceo capullo la poesía,

florece la vigilia del poeta

que renace en su ceniza

densa, mientras su pluma tamiza

cada efímera brasa en su cabeza

forjando el verso que ansía.

 

Despierta el poeta,

que en la noche ceba

su hambre impasible, desatada,

que se sacia en su sed angustiada

de árida voz, de arena desierta,

con goteo de frescura sobre hierba,

sobre jugosa menta en rocío empañada.

 

Llegando la mañana…

otra vez, ensordece su tonada

entre cantinela de pájaro temprano  

que anuncia entre luz encandilada

el ocaso de la suave madrugada.

Ya rasga el sol el lienzo arcano,

ya se retira despacio la musa Erato

hacia su tálamo entre mirto y rosas.

Poesía, reposa hasta el vespertino

encanto, dónde las sombras gozosas

esparcirán mi reverdecido trino,

mi simiente de rendida glosa, mi aria, mi canto.

 

 

 

 

A María Santísima del Buen Remedio

 

Buen Remedio

 

 

 

Santa María, Señora Nuestra del Buen Remedio,

ese pálido semblante de tierna rosa fria

que estremece como un junco el misterio

reconocido en quién te mira en la cercanía.

 

Esas lágrimas que te hieren la mejilla

iluminada por tus ojos cómo soles

encerrados en tu lamento en carne viva,

esa mueca en tus labios selladores

de la pena desconsolada que te ahoga

en la fuente de tan excedida herida,

ese suspiro inerte que rodea tu capilla

de un halo misterioso trabado en tu corona

labrada por el esplendoroso enigma de la vida,

Dulce María, me atormentas y enamoras

con tu paso acompasado, sin prisa, Señora mía.

 

Virgen milagrosa, Virgen misericordiosa,

Virgen desconsolada en la sentencia de Tu Hijo,

Tú que le sigues en su serena espina pesarosa

camino del Gólgota oscuro, del sacrificio escrito

para El Bien Amado, por el perdón de los pecados,

Ora por nosotros, tus siervos desamparados.

No llores más Madre, que la promesa penitente

de tu pueblo de Andújar cada Jueves Santo

Te traerá muy pronto, en el domingo clemente

la profecía cumplida de su cuerpo resucitado.

Y se anegará el aire de celestial gloria

y los corazones de esperanza renovada,

las campanas exaltarán el eterno milagro

que desde el surgir de la historia

se forja en tu divino vientre, año tras año.

 

Virgen piadosa, gema de primorosa cara,

son tus varales juncales compás de redención

en cada tarde andujareña, mástiles de bandera

de amoratada alma, de refulgente y nívea pasión

que tremola el fecundo renacer de otra luna llena

que se asoma pálida y lastimosa en la noche nazarena

como memoria del Calvario, de otra enlutada exaltación.

 

Ya en tu corazón ensartado de dolor inmenso

se percibe un frágil pálpito de celestial ensueño,

nutrido por el retallar de tus fieles costaleros

y los pulsos arrebatados de la sangre de tu pueblo

cuándo invoca el capataz en medio del silencio,

desde  la voz rota, una máxima acongojada

del llamador coreada, repujada de recuerdos,

hermanos en María… ¡fuertes con Ella, vámonos al cielo!

 

 

 

 

Amor in crescendo

 

in crescendo

 

 

Amor, detente que ya no aguanto,

no aguanto tu voraz vigor,

detente que en ti me estoy ahogando,

que agonizo en tu trueno

envolvente, en tu fragor

sin freno, en tu empeño

tenaz que seca mi razón,

que me parte en dos en tu ávido celo

avivando esta pasión

sin fin que se adueña

sin piedad de este ser cedido

ante tan cruda tormenta,

plena de la fuerza

de tu ruin dominio.

 

Amor, detente que yo muero,

que ya muero,

detente que estoy muriendo,

que peno en tu seno

letal, en tu tentáculo

inclemente, en tu veneno

ácido, en tu crescendo errático,

¡Amor, tú me traspasas!

¡Amor, yo me desangro!

¡Amor, si tú te fueres!

…Si tú me dejas mi amor,

¡Yo, existir no puedo…contigo yo me marcho!

 

 

 

 

El infierno de la palabra

 

infierno

 

 

 

La palabra me enmaraña en la enredadera

que trepa desde el volcán alojado en mi ardor

hondo hacia esta frente surcada de arrugas,

lo hace cómo recia fumarola imperecedera

que surge desde fragua tortuosa en su fragor

hirviente, desbordado, maculado de rojas lunas.

 

Se alimenta de mis espejismos, de mis desvaríos

cuajados de tristezas, difusos de alegría,

nunca se consuela en su camino desde los vacios

misteriosos del firmamento que habita en mi poesía,

jamás reverdece sobre la árida estepa allanada del desierto

apareado en la agonía insoluble de mi pensamiento.

 

Ansias de lirico verso, de sed limpiada, de aliento

regocijado en su simetría, siempre te inquiero,

constantemente te pierdo, de ningún modo te hallo,

¿Dónde te giras para que no encuentre tu templo?

¿Cómo te encubres tan negro, tan esquivo, tan cruento?

Ya no puedo sino buscar en mi desespero tu rayo

mordiente, violento, glaciar y a la par apasionado.

Ya no tengo ímpetu…me clavas en la cruz de tu calvario,

yo no vine a esta tierra a salvarme de ningún pecado,

ni a ser el mesías anunciado de ningún poeta,

¡Ay, espina!, ¡Ay, madero!, ¡Ay, lanzada de cruel letra!

¡Yo solo persigo apagar este infierno en mí clavado!

 

 

 

Tus ojos desde la pared

 

Tus ojos

 

 

 

Tus ojos me observan desde la pared

con repaso sostenido, agudo, sin pestañeo,

desde tu foto presente en mi devaneo

sobre el folio emborronado de papel

donde se lanzan  las tintas de mi fantaseo

entre tenores cellos hipnóticos para mi ser.

 

Tus labios me sonríen con cierto reviro,

con brillo satinado en su textura  tersa

de efigie adormecida, que en su retiro

no cesa de llamarme con voz impresa,

encuadrada, sujetada en sordo latido

que acompasa el tic tac de mi reloj perdido

en los espacios inundados de mi cabeza.

 

Tus ojos y tus labios sé que me esperan

como siempre solitarios en el salón,

este mundo me extravía, me encadena

en empeñada lucha con mí ofuscada razón

estrujada entre letras que me condenan

a tu soledad, a nuestra distante cercanía

sin miradas coincidentes, al hilo de arena

del tiempo que se despeña, que nos invade

sin aviso cada tarde, al recuerdo de los días

del nido sin silencios, de los hijos a nuestra vera

que aprendieron a volar mas allá de la rancia puerta,

¡Cuántos ríos de lágrimas se secaron ya en tus mejillas!

¡Cuántas escarchas se licuaron sobre las mías!

 

Ahora…sólo nos queda lluvia ácida en los adentros,

esperas eternas en las semanas para llenar este vacío

de regazos huecos, de blanco cielo, de leves gestos,

la presencia afín de tu blando corazón junto al mío

las manos frias, las sienes nubladas, los serenos besos,

un lecho tibio que prende fugazmente en nuestros cuerpos,

un parejo camino rengo de alegrías acompasado en su brío,

tus cuidos sin tregua, el suspiro de las nostalgias… nuestro amor viejo.

 

 

 

 

 

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